jueves, 1 de agosto de 2013

PAQUIRRI : Un recuerdo imborrable



Paquirri [Francisco Rivera])

Francisco Rivera alias "Paquirri" o "el diestro de Barbate" fue un torero español natural de Cádiz. Se le considera un mito del toreo español del siglo XX. Su dramática muerte en el ruedo supuso un auténtico shock para la ciudadanía española. Su entierro, celebrado en Sevilla, fue quizás el más multitudinario de la historia del toreo español

Nació el 23 de marzo de 1948 en Zahara de los Atunes (Cádiz Córdoba, (23/03/1948 - 26/09/1984) Torero español. Era hermano de otro matador, José Rivera Pérez ("Riverita"), y padre de los toreros -en la actualidad- Francisco Rivera Ordóñez y Cayetano Rivera Ordóñez Su debut tuvo lugar en Barbate, el día 16 de agosto de 1962, fecha en la que se enfrentó con reses de Núñez Polavieja. A partir de entonces, su valor y su conocimiento natural de las reacciones del ganado bravo difundieron su nombre de principiante. En 1964 intervino en su primera novillada en la plaza de toros de Cádiz.



Paquirri


Tomó la alternativa en 1966, en la plaza Monumental de Barcelona. Acabada en España la temporada de 1967, se desplazó a tierras hispanoamericanas, donde dejó buenas muestras de su valor y su oficio de lidiador poderoso y curtido, a pesar de su corta experiencia. Tras haber toreado en Perú, Colombia y Venezuela, regresó a España para emprender la campaña de 1968 en los puestos cimeros del escalafón.

Si bien no era Paquirri un diestro llamado a renovar los fundamentos estéticos del toreo, su valentía, su serenidad delante de los toros, su perfecto dominio de todas las suertes (incluida la de banderillas) y, en definitiva, su extraordinario conocimiento del comportamiento de las reses bravas lo anunciaban como una de las grandes figuras del momento. Convertido en una figura consagrada, durante la década de los setenta cosechó innumerables éxitos por todas las plazas españolas, a pesar de que no gozaba de toda la complacencia de los aficionados más pendientes de la estética del toreo (quienes, sin embargo, no podían menos que reconocer las facultades de Paquirri para someter a cualquier tipo de toro).
En 1973 se vistió de luces en setenta ocasiones; en 1974, intervino en ochenta y un festejos; y en 1975, a pesar de la grave cornada que sufrió en Sevilla el día 16 de mayo, llegó a cumplir setenta y cuatro ajustes. Durante 1978 hizo sesenta y un paseíllos, que aumentaron a sesenta y tres en 1979, año en el que alcanzó la cima de su carrera taurina. En efecto, el día 27 de abril de dicha temporada salió a hombros por la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, después de haber enjaretado una espléndida faena a una res procedente de las dehesas de Torrestrella; y antes de que transcurriera un mes (el 24 de mayo de aquel mismo año) volvió a triunfar ante la afición, que lo sacó a hombros a través de la Puerta Grande de Las Ventas.

En la década de los 80 el número de festejos en los que participaba fue decreciendo. El 30 de enero de 1983 fue corneado en la plaza de Santamaría (Bogotá) por un astado de la ganadería de Icuasuco, que le produjo una herida de seria consideración en el muslo derecho, de resultas de lo cual tan sólo pudo vestirse de luces en treinta y siete ocasiones en el transcurso de aquella campaña.

La maldición de "Avispado"

Paquirri murió a causa de una brutal y mortal cornada del toro "Avispado", un bravo ejemplar de la ganadería Sayalero y Bandrés. "Avispado" seccionó la femoral al diestro, provocándole una fuerte hemorragia que, unida a las deficiencias médicas de las plazas de toros aquella época, le causó la muerte. El torero no soportó el trasladado de urgencia al hospital y nada se pudo hacer por su vida.

La tragedia ocurrió la tarde del 26 de septiembre de 1984 durante la corrida de la feria de Pozoblanco (Córdoba), el cuarto toro de la tarde le infirió una tremenda cornada en el muslo derecho, justo cuando Paquirri lanceaba de capa para ponerlo en suerte durante el tercio de varas la última de la temporada y posiblemente, una de las últimas de su carrera. La secuencia de la cogida fue captada por un cámara de televisión que siguió al torero hasta su llegada a la enfermería, donde el diestro, sereno, pronunció sus últimas palabras (que también fueron grabadas): "Doctor, yo tengo que hablar con usted. Tengo una cornada con dos trayectorias, pero usted esté tranquilo. Abra todo lo que tenga que abrir", dijo. Dicen que parecía entero. También dicen que sabía lo que se le venía encima.Se intentó contener la hemorragia y reparar el destrozo arterial; pero, ante la gravedad del percance, los doctores decidieron el traslado urgente al hospital Reina Sofía de la capital cordobesa



En la misma enfermería de la plaza . Durante el traslado en ambulancia, el estado de Paquirri empeoró considerablemente, por lo que se decidió conducirlo hasta el Hospital Militar, que quedaba algo más cerca. Al llegar allí, los facultativos sólo pudieron certificar el fallecimiento de Francisco Rivera, óbito que causó una conmoción general en todo el país.

El toro "Avispado" murió a manos de José Cubero alias "El Yiyo", que alternó esa tarde con Paquirri. La tragedia también se cebó con él. Un año y cuatro días después de matar a "Avispado", "El Yiyo" moría en la plaza madrileña, en circunstancias similares a las de Paquirri. Su vida se extinguía al instante en una espectacular cogida en la que la cornamenta del toro le perforaba el corazón. A su muerte, José Cubero contaba con tan sólo 21 años. En su honor se levanta una estatua frente a la Plaza de toros de Las Ventas de Madrid.


Mausoleo dedicado a Paquirri.


Monumento a Paquirri, cogido mortalmente en la Plaza de Toros de Pozoblanco. Abril de 2010

Paquirri.jpg

Estatua de Paquirri en El Puerto de Santa María.

Su muerte se vio desmesuradamente amplificada por la enorme popularidad de que gozaba el diestro en toda España y en muchos países hispanoamericanos, así como por la fama que entonces aupaba a su joven viuda, la tonadillera sevillana Isabel Pantoja

Isabel Pantoja, descompuesta

El entierro de Paquirri fue de los grandes, como cabía esperar. Cientos de ciudadanos le dieron el último adiós arropando su féretro ante una desconsolada Isabel Pantoja, que con toda su alma amó a Francisco Rivera, ‘Paquirri’. Para ella, ese recio torero español, de ojos azules, fue su mentor, novio, amante, amigo, marido, “el hombre de mi vida” diria la joven tonadillera cuyo luto en reclusión sorprendería a todos los españoles.La desolación fue total. Le costó mucho asumir la desaparición de su cónyuge, tanto que pensó en suicidarse  Guardó por muchos meses estricto luto, recluida en su hogar, junto al motor de su vida: su hijo Francisco José, fruto de su relación con el torero. Desde entonces la llamaron "la viuda de España". Y es que Isabel Pantoja, que contrajo el idílico matrimonio folklórico español con el torero en 1983 (él de segundas nupcias, pues su primera mujer fue la difunta Carmina Ordóñez), estaba muy unida a su marido. Se enamoró de él antes de conocerlo, incluso, en aquellos tiempos en los que el torero flirteaba con Lolita, la hija de Lola Flores. Para Isabel la pérdida de su marido fue irreparable y un duro golpe del que tardó en recuperarse. Para la prensa del corazón fue una tragedia casi novelesca a la que dedicó portadas y páginas durante varios meses.








Cuentan las crónicas de la época que Isabel no se quiso separar del cadáver de Francisco durante las horas que duró el velatorio, y que en el entierro iba "totalmente de negro con un rostro hinchado por las lágrimas y el dolor". En 1985 retorna a escena con un aplastante éxito: ‘Marinero de luces’, el álbum que escribió y produjo para ella José Luis Perales. El tema homónimo del disco fue “su homenaje a ‘Paquirri’, su marido muerto”, como recuerda Rafael Ávila Rodríguez, director de
‘Desempolvando los viejitos’ cuyos emotivos versos son nacionalmente conocidos: : “Ese barco velero cargado de sueños, cruzó la bahía/ me dejó aquella tarde agitando el pañuelo, sentada en la orilla...(…), olvidaste que yo, gaviota de luna, te estaba esperando/ y te fuiste meciendo en olas de plata cantando, cantando.

Algunas de las canciones dedicadas a su esposo muerto, Paquirri:




Llora desconsoladamente recordando a Pquirri


El regreso de Isabel Pantoja luego de la dramatica muerte de su esposo el torero:  Paquirri.



Paquirri fue despedido al grito de "Torero, torero"

El 28 de septiembre de 1984 Paquirri fue portada de La Vanguardia, que dedicó toda la parte inferior del diario a una foto del torero sonriendo. Se trataba de "la última sonrisa de Paquirri", un mito taurino del pasado siglo que murió con todo el dramatismo y la gloria propia de quien se enfrenta, día tras día, a una bestia brava.


Su entierro fue multitudinario y su dramática muerte le ha valido la gloria. Pero, ¿pudo haberse evitado?
Rosa Varona- 18/09/2009


En la foto, vuelta al ruedo de La Maestranza con del ataud de Paquirri

.

"Paquirri" con una oreja en la Feria de Bilbao (1981)

Arropado en muerte

A Paquirri lo enterraron a las tres de la tarde en el célebre cementerio de San Fernando, y a su funeral acudieron todos los representantes del mundo taurino. Después de la vela se celebró una misa en el domicilio del torero, en el número 22 de la calle Ramón de Carranza del barrio sevillano de los Remedios. A las puertas de la casa de los deudos se agolpaban cientos de ciudadanos que gritaban "¡torero, torero!", al tiempo que se aproximaban para tocar o admirar el féretro del diestro de Barbate. Cuatro horas tardó el ataúd del maestro en recorrer las calles sevillanas, desde que fuera sacado de la plaza de Maestranza, donde dio la postrera vuelta al ruedo a los hombros de su cuadrilla.

Una sanidad informal que le costó la vida
Como era de esperar, la tragedia levantó ampollas en el sector taurino. Hacía tiempo que se venía denunciando el mal estado de las enfermerías de las plazas de toros. El día de la muerte de Paquirri, el diestro entró tan malherido al hospital militar San Fernando de Córdoba (a 80 kilómetros de la plaza donde toreaba el diestro) que nada se pudo hacer por salvarle. Durante el trayecto hubo numerosos baches y curvas y la ambulancia tuvo de detenerse en una localidad para reanimar al torero, que había sufrido una paro cardiaca.

La dramática situación quizás hubiera quedado en un simple susto si la asistencia hubiera sido efectiva. Hoy por hoy los toreros no están seguros de no morir en la plaza, porque la suerte del trabajo que escogieron así puede presentarse, pero la asistencia médica ha mejorado notablemente. El Real Decreto 1649/1997 regula las instalaciones sanitarias y los servicios médico-quirúrgicos en los espectáculos taurinos. Y es que tragedias como la de Paquirri, El Yiyo y Manolete, entre otros, al menos sirvieron para mejorar las condiciones del gremio

Video Muerte de Paquirri



Imagenes relacionadas:


Paquirri con Carmina Ordoñez









No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...